Las locomotoras de vapor cambiaron el rumbo de la historia universal desde
sus inicios de circulación en Gran Bretaña durante el siglo XIX. En la nación de
México, los ferrocarriles tuvieron un importante impacto en su desarrollo
económico; ayudando a consolidar a este país, como un centro importante para
el comercio.
A partir del año de 1876, el gobierno mexicano fomentó el desarrollo de
proyectos de largo alcance subvencionando los costos de mano de obra y de
materiales a empresas extranjeras privadas que aportaron recursos
económicos en la infraestructura necesaria para la creación del novedoso
método de transporte. Se determinó que los Estados de la Federación
promovieran la construcción de ferrocarriles de líneas regionales. Con estas
acciones, la infraestructura nacional se incrementó notablemente. En el año de
1891, se estableció la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, una
entidad que se dedicaría a fijar la política de construcción de ferrocarriles,
enlaces marítimos, puertos y aduanas acordes a las exigencias del desarrollo
de los capitales mundiales.
La situación pujante que los ferrocarriles poseían cambiaría entre los años de
1920 y 1942, cuando se dejaron de construir nuevas vías a nivel nacional,
debido a la baja demanda del extranjero de materias primas mexicanas y el
fuerte impulso del uso del automóvil. Sin embargo, el gobierno fomentó el
comercio interior para no depender del exterior. Durante el plan integrador para
los ferrocarriles entre 1965 y 1985, la empresa FNM experimentó una serie de
pérdidas y un persistente desequilibrio en sus finanzas. Este desequilibrio se
debió a los bajos precios del transporte ferroviario sin optar por la generación
de ganancias propias, así como por el hecho que ya cualquier punto del
recorrido del ferrocarril era alcanzable mediante carreteras. En 1994, se
buscaron políticas para mejorar el comercio exterior con Estados Unidos y
Canadá, las cuales aportaron consecuencias positivas para la nación y para el
desarrollo de este medio.
Actualmente, se están desarrollando diversos proyectos ferroviarios dentro de
los cuales destaca el proyecto del tren Maya; cuyo objetivo es mejorar la
calidad de vida de las personas, cuidar el medio ambiente y detonar el
desarrollo sustentable.
Por medio del análisis de la historia del ferrocarril en México, se puede
aprender y usar como parámetro en la reactivación de las vías férreas en la
región de Centro América. Se puede observar que uno de sus grandes éxitos
fue la constante ampliación del ferrocarril para abarcar la mayor cantidad de
territorio posible para facilitar tanto el comercio interno como el externo.
Además, el poder de adaptación a las exigencias del mercado internacional
posicionó a México como un país estratégico para el comercio con países de la
región norte de América. Agregado a esto, se pueden evitar fallas y
desequilibrios, al establecer una tarifa que genere ganancias para seguir con
su desarrollo económico. Cabe recalcar que para la instalación del ferrocarril en
Centro América, se deben propiciar la creación de políticas para facilitar el
comercio entre países de la región.
Finalmente, la constante innovación en la creación de nuevos proyectos de
transporte es fundamental para que el uso del ferrocarril sea una alternativa
eficiente, de uso continuo y no esporádico. De esta manera, se pueden tomar
en consideración puntos importantes como el cuidado del medio ambiente, el
mejoramiento del IDH de las comunidades, al igual que el aumento de la
demanda de empleo.
No existe mejor maestro que el ejemplo, por lo que el análisis del éxito del caso
análogo ferroviario de México es de suma utilidad para la implementación
eficaz de éste en los países de Centro América.
